La toalla

Letras & Poesía

–¿Sabes cuándo te das cuenta de lo solo que estás? Cuando te vas a bañar y olvidas llevarte la toalla al baño. Imagínate que yo cada vez que me baño no la dejo colgada ahí adentro porque se humedece, entonces la saco y la cuelgo en alguna silla para que tome aire. Es una mierda si te olvidas la toalla. Cuando vivía con mis viejos y me pasaba eso enseguida gritaba y me la alcanzaban pero cuando estas solo te das cuenta de que sos vos y nadie más – Reflexiona Marcos y agrega – y te digo más, gordo: vivir solo también produce una involución en la persona. Yo, por ejemplo, fui pasando del hombre civilizado al hombre de las cavernas. Antes comía sobre un plato, con cuchillo y tenedor, vaso y servilleta; ahora como el arroz directo de la olla y tomo agua  del pico, sentado sobre la…

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Dragonland

Letras & Poesía

Al entrar los recibe un dragón blanco de dos metros. Según el cartel  informativo es una dragona llamada “Hobsyllwin”, cuyo principal propósito es armonizar y pacificar la relación con los humanos. Su tarea es exhortarlos a respetar la naturaleza y las demás especies.

Miguel, luego de leer aquello que se inscribe en una especie de banderín medieval, mira hacia arriba y ve como el muñeco mueve la cabeza lentamente de un lado a otro. Su boca está iluminada con un reflejo color rojo y desde parlantes a su alrededor salen rugidos. Su novia y cuñada comienzan a sacar fotos. Pero el no tiene ganas de detenerse ahora. Así que las deja atrás y se va en búsqueda de las obras de Ciruelo. No le interesan aquellos muñecos construidos para infantes.

Mientras camina  una luz tenue lo envuelve y junto con la música medieval poco a poco lo va sumiendo en…

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Los sábados desayunamos tarde

Mi aporte en un blog que se las trae.

Letras & Poesía

– Cuando te dormís existe un momento en el que vos podes controlar los sueños – Le comento a Fiorella alcanzándole una tostada con queso y mermelada.

– ¿Cómo sería? – responde con ojos achinados de recién despierta. Son las once y media de la mañana. Es sábado y los sábados desayunamos tarde.

– Te explico: viste que en las pesadillas existe un momento en el que te das cuenta que es una pesadilla y querés despertarte – ella asiente – bueno, en ese momento es cuando tenes que seguir en el sueño, profundizarlo y ver hasta donde sos capaz de llegar. ¿Entendes? – me tomo un trago de café con leche.

– Sí, pero no te creo, gordo. ¿Vos podes hacer eso? Digo: ¿podes controlar tus sueños?– Si, lo puedo hacer. Es más: ayer en ese estado se me ocurrió un cuento para escribir.

– ¿Y qué se te…

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Coelho

¿Qué nos conmueve? ¿Qué es lo que nos saca de nuestro lugar? ¿Qué es aquello que nos incomoda y nos deja pensado durante mucho tiempo? ¿Cuándo se produce esto? ¿Qué tiene que pasar para que nuestra mirada sobre el mundo cambie, se vuelva más amplia, descubramos otros mundos? ¿Cómo es que pasa?

Puedo seguir preguntando porque todo me genera preguntas y las preguntas me generan más preguntas y todas esas preguntas provocan adrenalina. La adrenalina hace que quiera vivir más, muchos años más porque no quiero perderme nada de lo que pase en el mundo y porque quiero provocar algo en él también, un hueco, una grieta, una fisura en los planos duros de la realidad, un hilo de luz en algún rincón o bien solo un silencio que haga pensar, no sé: algo que vibre.

 ¿A qué viene todo esto justo hoy viernes veintinueve de diciembre? Puedo explicarlo:

Soy de los que creen que las cosas pasan por alguna razón, que hay energías que en un momento determinado se asocian a nuestro alrededor y provocan un momento que cambiará nuestra vida. No me refiero a un cambio radical, sino que puede ser un pequeño sismo interno que modifica la manera que tenemos de sentir o pensar. La modifica o la amplía. En mi caso, se amplió. Anoche pasó algo de esto cuando salí del cine luego de haber visto “The Disaster Artist”, una película sobre otra película. Una comedia dramática sobre un drama que se convirtió en comedia de culto. Pero más allá de lo que trata la historia es lo que deja y ¿qué deja? Ganas de seguir intentando. Ojo, no es que me acabo de tomar un antidepresivo y ando re optimista por la vida. Pero entiendo que a pesar de todo hay que seguir intentando. No importa qué pase a tu alrededor, solo hay que seguir intentando. Porque solo intentando podemos cambiar el foco sobre la vida. Podemos ampliar la pantalla. El hecho de que nos acomodemos a vivir en sociedad no significa que debamos ser la sociedad. Podemos desestabilizar, podemos incomodar y no sentirnos incómodos con eso. Podemos expresarnos como nos salga en el momento que nos salga y por ello no perder nuestra condición de sociabilidad. No me refiero al simple hecho de “ir contra la corriente” o “ser la oveja negra”, voy un poco más allá: discutir lo establecido en ciertos sectores no te hace ser el contra de todo, te hace ser más auténtico. Tal vez incomodes, tal vez sientas que no te “llevan el apunte” pero eso es lo que se necesita, sentirte fuera de foco para crear un nuevo punto de vista, y no solo desde el hablar sino desde tu forma de vivir y nada más.  Hay que aportar nuevos puntos de vista que se sumen a la realidad en la que vivimos.

¿Se trata de tener un sueño y cumplirlo? Algo así pero también se trata de tener la convicción suficiente de querer cumplirlo y vivir con eso a pesar de todo. A pesar del fracaso también porque podes morirte sin haberlo logrado pero el solo hecho de ser convincente permitió a otros poder mirar la vida de otras formas.

Mientras escribo me pregunto sí esto no es demasiado “Coelho” ¿Lo es? y si lo fuera: ¿qué? Llega un punto en lo que no debe importar nada, en el que hay que hacer y ya. Hacer y seguir. Hacer, hacer y hacer. Hacer por vos, más allá del hacer cotidiano. Se trata de un hacer profundo, que discuta tu propia estructura y si es posible: que implosione. A veces hay que destruirse y ver que formas adquieren nuestros escombros. La vida es una deconstrucción de nosotros mismos, es un devenir constante de cambios propios y ajenos. Todos mezclados, siempre en movimiento, siempre apabullándonos. Pero no hay que soltar el volante, solo permitirse elegir soltarlo y ver qué pasa. No esperes nada pero desealo todo.

¿La película trata de todo esto? No sé, es lo que a mí me provocó y que al expresarlo adquiere más significados. Muchos más de los que querían provocar el que la filmó. Eso no importa, se amplió el campo de visión. Tampoco sé por qué lo estoy diciendo. Solo necesito hacerlo, tal vez porque sea fin de año o porque estoy más grande o simplemente porque en el fondo sé que a pesar de todo: hay que seguir intentando.

Ahora sí: seguí con tu vida, nos vemos en el brindis.

EL ARTE

Tengo la idea de que una buena obra de arte se distingue del resto porque te hace sentir algo. No importa qué, sino que sientas. Puede ser odio, vergüenza, tristeza, alegría, amor, excitación, felicidad; cualquier sensación en tu cuerpo. Sentir creo yo, es el más importante aporte del arte en nuestra vida. Una novela, una película, una pintura, una obra de teatro, una foto, un baile, son todas expresiones artísticas que nos provocan sentimientos. El arte es el canal de comunicación más auténtico que tenemos.

 Una buena obra de arte debe hacer que nos preguntemos por  todas esas cosas que sentimos como humanos, nos debe dejar pensando en el amor, en el deseo, en el odio, los prejuicios, la felicidad, la amistad, la muerte y la vida. Una obra de arte debe provocarte ganas de vivir. Nunca una buena obra de arte puede provocar lo contrario. Porque el arte tiene que hacer vivir.

Los humanos fuimos cambiando en muchos aspectos pero siempre fuimos evolucionando, para bien o para mal: lo hacemos, evolucionamos todo el tiempo. Evolucionamos en la creación de nuevas armas para la guerra y en la creación de nuevas medidas políticas de distribución para los que más tienen, pero también evolucionamos en la búsqueda de nuevos antídotos para nuevas enfermedades y en las formas de luchar contra la mala distribución de la comida y los ingresos; evolucionamos en la forma de comer pero también en las formas de morir por la falta de comida.  También lo hicimos con las formas de comunicación: hoy estamos más comunicados y conectados que nunca. Pero también, en cierta forma, un poco más desconectados. En este proceso evolutivo hemos dejado un poco atrás la conexión entre nosotros como personas. La comunicación a través de los sentimientos. Estamos algo distanciados de nuestros cuerpos con respecto a los otros cuerpos, en el sentido del cuerpo que puedo tocar y sentir. Por eso necesitamos arte, porque es por medio de él que nos conectamos en otro nivel más allá de las comunicaciones evolucionadas, que no están mal pero a las que debemos complementar. El arte es último canal de comunicación capaz de conectarnos en otros niveles.

Todos estos pensamientos me los disparó una serie llamada SENSE8. La cual hace foco sobre la conexión entre nosotros a través de lo que sentimos. Y en base a eso navega por temas como la igualdad de género, la violencia machista, la soledad, las dudas que tenemos como humanos, la delgada línea por donde transita la vida, el sexo como lenguaje universal y sobre las preguntas que se disparan después de preguntarnos: ¿Por qué estamos acá?. Se detiene precisamente sobre amor más allá del género, el amor más allá de todo. El amor como el sentimiento más valioso que tenemos los seres humanos. Me hizo repensar en la cantidad de prejuicios que tenemos o tuvimos, en esa forma tan espantosa de cubrirnos para no sufrir, en ese disfraz que nos ponemos para no sentir demasiado. Pensé en esas personas tan valientes que se animan a decir: yo amo a este otro más allá de lo que la sociedad me venda como amor. En ese concepto enlatado de amar que aprendemos de chicos. Pero también pensé en la capacidad que tenemos para liberarnos y sentir que podemos salirnos de ahí, de ese lugar cerrado y vacío. Salir y conectarnos con los demás. Salir y pensarnos diferentes. Porque somos diferentes pero a la vez iguales. Sentimos, ¡claro que sentimos! Solo que algunos disfrazan los sentimientos más nobles con culpas, rencores, complejos y estereotipos por vergüenza, represión o porque no saben lo que les pasa.

No necesitamos vivir una vida de determinada manera, solo debemos querer vivirla con todo lo que ello implica y saber y ser conscientes de que hacer uso de nuestra libertad para elegir no solo nos hace madurar sino también mejores personas.

En estos tiempos difíciles para el mundo, encontrarse con una obra de arte de esta magnitud es una grata sorpresa. Vivimos gran parte de nuestros días navegando sobre la superficie de distintas realidades pero es bueno sumergirse en lo profundo de ellas para poder pensar con más claridad. Es bueno conectarse con otro desde otro lugar, desde lo sentimientos. Conectarnos a través de lazos más sensibles. Sentir lo que siente el otro y que el otro pueda sentir lo que nosotros sentimos. Ver, oír y oler lo mismo que nuestro par y a su vez: intercambiar capacidades y cualidades para ayudarnos mutuamente. Compartir miedos. Hablar. Tratar de comprender, de entender. Respetar y respetarnos.  De todo eso se trata SENSE8.

Sentir que te ahogas bajo las aguas de un océano profundo y en el instante preciso que vas a morir darte cuenta de que siempre estuviste respirando. De eso se trata el arte.

El Hacha

Me duele la espalda, los brazos y las manos. Sobre todo las manos: me arden. Me saque los guantes porque se me resbala el mango del hacha. Hace un frío de re cagarse en este pueblo. Me sale vapor por la boca y el aire que me entra por la nariz casi que no me deja respirar. No hay ni un alma afuera. El patio esta silencioso y oscuro. El hacha pesa el doble que un hacha común porque tiene mango de hierro. En casa las cosas son así: parecidas a lo normal pero diferentes.  Adentro mi vieja prepara la cena (seguro café con leche y torta casera) y mis tres hermanas  menores hacen las tareas del colegio. Papá no llega hasta tarde y solo nos queda un tronco demasiado grande para la salamandra. Así que tengo que partirlo. Pero no puedo. Para que entren los pedazos en la estufa tengo que lograr que ese tronco se divida en tres. El filo del hacha esta mocho y doy una y otra vez contra un nudo. Cada vez que le pego el hacha rebota y me hace temblar todo el cuerpo. ¡Puta que lo pario al tronco de mierda,  al frío, y a la salamandra! ¿Por qué mierda no podemos tener calefactor a gas? Que mierda todo, estoy podrido de esto. Hace frío  y no puedo dejar a  mis hermanas sin calor. Soy el segundo hombre de la familia  y lo menos que tengo que hacer es partir un puto pedazo de árbol. ¿Qué carajo tiene este tronco? Me invade una rabia madre contra el tronco, el frío, la vida y el mundo. Entonces le doy un golpe con todas mis fuerzas y logro que el filo se clave en lo más profundo de sus entrañas. Pero el hacha queda atascada y no puedo sacarla. Suspiro mordiendo un grito de rabia. Levanto hacha y tronco, y le doy contra el suelo una y otra vez hasta que los brazos empiezan a temblarme, tanto que tengo que largar todo. Me largo a llorar en silencio. En las manos las ampollas se rompen y me duelen como el carajo. Yo no soy como el viejo, que tiene las manos llenas de cayos duros y curtidos. La comida se recorta, la guita dura menos, mi viejo labura el doble para comprar la mitad de lo necesario, mi vieja parece un pulpo de mil brazos con tantas cosas que hace. El frío es más frío cuando pasan estas cosas. Cuando hay que recortar troncos y comida. De la nariz me cae agua, tengo los labios paspados y estoy harto. Pero no importa: ni el frío, ni este puto tronco  me van a poder. Me seco las lágrimas con el antebrazo, agarro el hacha más pesada del mundo  y le doy y le doy y le doy hasta que la espalda se me pone tensa, tanto que creo que tengo un calambre. ¡Tronco forro, no me vas a ganar! Le grito con bronca. Entonces siento que cruje y se parte. ¡Tomá la puta que te pario! Le refriego la victoria a mi enemigo de madera. Recojo los tres pedazos  y entro. La cara me arde por el calor y por el frío. Me siento un héroe, un héroe de quince años que acaba de vencer al más grande de los villanos: el invierno. Al menos por esa tardenoche. Meto los troncos en la estufa y deseo que este 2001 termine de una buena vez.

Hoy llego la encomienda, estoy feliz porque eso significa una sola cosa: comida. Abro la caja, saco las milanesas y la carta. Mi vieja me cuenta que pudieron comprar los calefactores. “Pero si queres sacar espalda te guardamos unos tronquitos” aclara y sonrío. Después de cinco años lograron conquistar un paso más hacia el derecho de vivir mejor. Doblo el papel y  lo guardo adentro de un libro. “Buenos Aires a veces te hace sentir solo”, pienso mientras me acomodo para seguir estudiando. Ya no hay salamandras ni hachas. Ahora me rodean un departamento y apuntes, muchos apuntes de la carrera que elegí. Espero que si no saco las materias aunque sea salgamos campeones en Alemania. Seria lindo ser campeón mundial con veinte años.

En la oficina me llenan de papeles y  órdenes. Con mis treinta años esto de tener jefes se me hace más pesado, nunca me gustó pero lo acepto. Estoy cansado. Dentro del cuerpo de un falso mail laboral yo escribo y escribo, sueño y recuerdo. De pronto mi jefe se aparece por detrás espiando mi pantalla: “¿Qué es ese mail tan largo que estas escribiendo? ¿Es del trabajo?”  “No Alfredo, la verdad que no” “¿Y que estas haciendo entonces en vez de trabajar?” “Estoy fabricando un hacha” respondo antes de poner este punto final.